martes, 6 de octubre de 2020

¿Y qué diría el maestro?

Javier Darío Restrepo

 A un año de su fallecimiento y con una información que trascendió ayer en la ciudad de Ibagué, recordé a ese maestro de todos, Javier Darío Restrepo.

En muchos medios de comunicación digital,  estados,  perfiles,  grupos y el viralizador Whatsapp surgió un reclamo de un hombre que le exigía a la Secretaría de Salud de Ibagué que lo retirase de la UCI del Hospital Regional Federico Lleras Acosta.

El protagonista, Edwin Ramírez,  un paciente con Neumonía Multilobar complicada, con signos de insuficiencia respiratoria y alto riesgo de falla ventilatoria, que para el momento de su video de exigencia, estaba en protocolo de sospecha sintomático respiratorio COVID-19, hospitalizado en la sede Limonar de dicho Hospital.

En el video Ramírez asegura no tener COVID-19 y el Hospital lo deja muy claro, está en “protocolo de sospecha”, como toda institución responsable sigue de manera atenta los lineamientos del Ministerio de Salud y del Instituto Nacional de Salud,  protocolos que no son emitidos al azar y que a este punto de la pandemia se han perfilado para garantizar que se generen certezas tras una sospecha,  bien sea descartar el contagio y darle continuidad al tratamiento adecuado a la patología del paciente o saltar alertas,  mantener el aislamiento y hacer el cerco epidemiológico.

Y se preguntarán, ¿qué tiene que ver este caso con el aniversario del deceso del  gran Javier Darío Restrepo? Más de lo que muchos se imaginan y esto va dirigido a todos,  no solo a los colegas periodistas, sino a todo aquel que se acoge al artículo 20 de la Constitución Política de Colombia, quiero recordarles que así como tenemos “Libertad de Expresión”,  justo antes, en el artículo 15 de la misma Carta Magna, está el derecho al “Buen Nombre” que desde mi punto de vista no solo va para las personas sino también para las instituciones y desde mi lógica el hecho que sea primero el uno que el otro tiene gran sentido.

“Un contenido es fatuo, así esté muy bien escrito, si las fuentes son exiguas”

Y aquí llega de lleno la sapiencia del querido maestro Restrepo,  algo tan básico, que los que fuimos a la universidad y tuvimos excelentes maestros, no necesitamos de una cátedra específica porque en cada lección siempre estaba presente,  la ética, de esta maravillosa materia sale algo tan lógico y con tanto sentido común que triste mente deja de ser sentido y pierde lo común, antes de disparar al aire una “noticia” debemos hacer el ejercicio de al menos conocer el testimonio de la otra parte, como mínimo, el ideal sería tener los mayores puntos de vista posible, pero la inmediatez a veces no lo permite, entonces, teniendo la información de parte y contraparte, buscar un testimonio calificado,  que en mi caso fue el de un especialista neutral,  incluso ni siquiera tiene relación con la ciudad de Ibagué,  al que se le consultó el diagnóstico propuesto por el Hospital y si el mismo daba para dejarlo en la UCI y de ser el caso incluso llegar a intubarle,  además se le preguntó por los protocolos a seguir por la sospecha manifestada por el Hospital,  el profesional avaló el manejo dado por el Hospital,  a lo que añadió que si el paciente insistía en la salida el Hospital debía hacerle firmar un documento por medio del cual el paciente y quien lo recibiera exoneraran al Hospital de cualquier acción legal y se hicieran responsables por el desenlace crítico del paciente.

Ibagué,  24 de octubre de 2018

En la charla del maestro Restrepo, durante el lanzamiento del libro Periodismo y Ética del periodista, escritor y profesor universitario ibaguereño Hernando Salazar Palacios, en la que tuve la fortuna de escuchar al maestro Restrepo en el auditorio de la Cámara de Comercio de Ibagué, además hasta la oportunidad de compartir un simulacro de evacuación,  momento que no desperdicié, no solo para la foto, sino para preguntarle cuál creía él que era la razón de que la gente calumniada lo permitiera y no hiciera nada, me miró con cara de “Ay que ternurita” y me dijo muy simpáticamente “Porque la gente cree que con eso no pasa nada”, ahí está el detalle,  la ley está pero nadie acude a ella, nadie insiste,  la mayoría no se empeña en hacer que quienes difunden información falsa – también es falsa aquella que va a medias – paguen las consecuencias del daño que hacen y la desinformación que generan, quienes llegan hasta las últimas consecuencias se queda con la satisfacción de haberlo logrado pero difícilmente se logra borrar la huella del daño.

El video del señor Edwin Ramírez estaba, llamar al Subgerente Científico del Hospital se hizo y consultar a un Neumólogo también. Esto en mi caso, que quizá soy absolutamente privilegiada por no solo haber tenido una mamá fantástica que desde muy niña me enseño con términos como “Pensar antes de hablar”, “Investiga antes de afirmar”, “Si no sabes, pregunta”; unos amigos fuera de serie y muy pilos, no solo en Ibagué sino al rededor del mundo; los maravillosos maestros que me enseñaron que “un contenido es fatuo, así esté muy bien escrito, si las fuentes son exiguas”; todos los libros, charlas,  entrevistas y asistir a más de una conferencia del maestro Javier Darío Restrepo, me han permitido, sin estar exenta de fallas, vivir el periodismo.

Lanzamiento del libro Periodismo y Ética del ibaguereño Hernando Salazar

Recuerden la ya trillada frase: "El lobo siempre será el malo si el micrófono solo se le permite a Caperucita" En el prisma de la información hay caras y bases, cada cual tiene sus aristas,  en una noticia como mínimo hay dos bases y muchas caras cada una tiene su arista, cada parte tiene su fuente oficial.


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